La calidad de aguas procedentes de nuevas fuentes de producción y suministro
(desaladas, depuradas, regeneradas…) tiene un impacto directo en los cultivos,
por las características inherentes a estas aguas, y requiere de un manejo
específico y especializado por parte de los agricultores. Juan Azcue, consciente
de este reto, desarrolla una línea de I+D enfocada a la mejora de la calidad en
el agua para mitigar los problemas adversos en los cultivos y en el suelo, desde
un enfoque sostenible y responsable con el medio ambiente, en línea con la
agricultura moderna.
El oxígeno disuelto en el agua de riego determina la respiración de las raíces
y de la microbiota del suelo. Cuando el agua llega al terreno con un contenido de
oxígeno superior al habitual, el excedente pasa en forma de gas a los poros del
suelo y desplaza los gases que se acumulan en la zona radicular. La agricultura
lleva siglos persiguiendo ese mismo efecto por vía mecánica, con el laboreo; el
riego permite conseguirlo sin remover la tierra.
Ese trabajo ha tomado forma en un equipo que eleva el oxígeno disuelto del agua
de riego por medios exclusivamente físicos. No incorpora productos químicos, no
altera el potencial redox del agua ni la capacidad de intercambio catiónico del
suelo, y no genera subproductos. El agua sale del equipo con más oxígeno del que
entró, y nada más: el mismo oxígeno que hay en el aire.
El desarrollo continúa, con ensayos de campo en marcha. Los resultados
obtenidos hasta la fecha permiten prever el lanzamiento comercial a partir
de 2027.