La obra ha formado parte del trabajo de Juan Azcue desde sus inicios, pero durante décadas estuvo ceñida a la propia instalación del pozo: el suministro de la bomba, las tuberías, el cableado y el cuadro eléctrico. En 2020 la compañía dio el salto y constituyó un departamento propio, independiente del resto de líneas de negocio, con sus jefes de obra, sus encargados, su maquinaria, sus vehículos, su herramienta y, sobre todo, con especialistas en cada uno de los oficios que intervienen en una obra hidráulica de envergadura.
Actuamos como contratista principal. Trabajos como la calderería y la instalación eléctrica los ejecutamos con personal propio. La obra civil se diseña y se dirige desde el mismo equipo que ejecuta la obra. Una sola organización responde del conjunto, desde el replanteo hasta la puesta en marcha.
Esa integración es también lo que nos hace competitivos. Los oficios que marcan el plazo y el precio de una obra hidráulica están dentro de la empresa, no repartidos entre terceros a los que hay que esperar, coordinar y pagar por separado.
Esa capacidad ha permitido asumir obras de dimensión creciente, con especialización en modernización de regadíos, estaciones de bombeo, instalaciones de agua residual e instalaciones fotovoltaicas asociadas al bombeo.